domingo 7 de septiembre de 2008
Sobre rock
Esta mañana impasible deja muy vacía a la inspiración, tan solo una patada en el culo que basta con asomarse a leer el periódico y ya está, “tamos todos locos”. Por eso, al menos hoy, nos sobran los motivos para apagar los discursos de la lógica y entrar en materia de música, que es lo que concierne a este espacio en particular, abrir el alma y ofuscar el juicio por un momento, dejar que fluya el instinto del placer sin pretender racionalizar el efecto que causa la conjunción sonora de lo que llamamos música, (la codicia del hombre por capitalizar o buscar la profesionalización en donde no hay), porque juzgar es de humanos, pero provocar la convulsión donde gire la atención y en si toda la parafernalia del arte, eso sí es generoso. En este sentido surge la pregunta del millón: ¿Por qué hacer música?, ¿Por qué el rock como camino a seguir? Quizás un intento por responder aquello me haga caer en la des-sensibilización a la que mantengo como razón de tan escaso aporte BUENO en materia de rock nacional, pero seguro que esta es una pregunta que cualquier “músico” se cuestiona a la hora de salir a escena y lucir un nuevo tema, o, en el caso de ser un fantoche, lucir la cualidad de ser “músico” (ahora si entre comillas), o lucir mis nuevos platos Zildjian K constantinople, prostituir mi talento por la atención ajena, olvidar el instinto de hacer música, quitarle romance al arte de estudiar música por amor y no por “vivir de aquello”, creerse ser el mejor, componer el hit del verano por unos cuantos mangos y salir en televisión, olvidarse de la sinceridad para con uno mismo, colgar la guitarra, cambiar de gustos o cambiar de estilos.
Y a todo esto: pienso que el instinto radica en la conciencia de todo aquel que se plantea algo dentro de esto, yo expongo acá mis razones, y en este sentido, si buscas fama, buenísimo, si es amor verdadero, más que seguro eso nunca morirá. Ahora, surge otra pregunta, ya no del millón, que está muy en boga hoy por hoy: ¿Qué hay de malo en hacer covers?, los primeros discos de los Rolling Stones eran puro covers, respuesta: nada malo hay en aquello, HASTA que caes en la autocreencia de ser lo que haces, perder la sinceridad y hasta las ganas de aportar algo por uno mismo, reasumiendo, si tú que satanizas los covers crees haber logrado un escalón superior con laureles de crítica destructiva, quizás a muchas bandas LES VALGA VERGA, ¿Por qué no cambias de oficio?, y a ustedes practicantes de la “parodia”, el instinto perdura si son consecuentes con los propósitos del grupo, con la música misma, no caigan en las vanaglorias, evolucionen, hay tanta música alrededor, quítense la pereza de urdir juicios como: “el rock de ahora no es como antes” no hay nada más estúpido que aquello, el rock ahora ya no viene a la boca así por así, hay que buscar, hay que practicar el arte de crear y recrear también, porque no. El rock no tiene estatutos, y si los tuviera no juzgaría un tributo si fuera sincero, ¿me entienden? Lejos de la maraña de géneros que enmarcan a la variedad de rock, prevalece o debiera prevalecer el hecho de asumir un instrumento como propio, y sacarle el jugo que quiera uno de eso, ¿hay algo de malo en eso?
continuará...
(Adrián Rojas S.)
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